
¿Cuál es la historia del Juicio Final de Miguel Ángel? Un punto culminante extraordinario de la Capilla Sixtina.
Apurva Sinha
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El Juicio Final es una de las composiciones más famosas e imponentes de Miguel Ángel, pintada entre 1536 y 1541 en la Capilla Sixtina. Ocupa un lugar especial en la capilla de los Museos Vaticanos , sobre el altar, con fuertes referencias cristianas. Dichas connotaciones religiosas aluden a la Segunda Venida de Cristo y al veredicto sobre la humanidad: quién irá al cielo y quién al infierno. En este artículo, presentamos los diversos aspectos que contribuyeron a la creación de esta obra maestra para todas las edades.
Historia de la pintura

Miguel Ángel pintó «El Juicio Final» casi 25 años después de haber terminado su trabajo en los techos. El papa Clemente VII contrató a Miguel Ángel en 1534 para pintar el Juicio Final en el muro del altar, renovando así la decoración de la Capilla Sixtina. Debido a esto, se perdieron los frescos del siglo XV, incluidas las pinturas de Perugino que representan los dos primeros episodios de las Historias de Moisés y Cristo, así como el retablo que representa a la Virgen Asunta entre los Apóstoles.
En definitiva, la obra del retablo comenzó en 1536, durante el pontificado del papa Pablo III, cuando Miguel Ángel quiso plasmar el glorioso regreso de Cristo a la luz de los textos del Nuevo Testamento. Gracias a su extraordinario talento artístico, Miguel Ángel logró transmitir la majestad y la belleza invisible de Dios. Transformó la Capilla Sixtina en «el santuario de la teología del cuerpo humano», inspirándose en las palabras del Génesis.
Acerca de la pintura
La pintura cubre toda la pared sobre el altar y comienza en el techo, ofreciendo una enorme obra de arte. Alcanza una altura de aproximadamente 14 metros (46 pies) y se extiende hasta el panel de madera de la pared y el altar. La representación sigue una estructura circular, con los acontecimientos sucediéndose uno tras otro. Alrededor de 300 figuras pintadas con maestría componen el fresco, que se centra en Cristo con la mano alzada, dictando sentencia a los condenados que descienden al infierno.
La representación de Cristo con músculos tonificados, sin barba y de aspecto juvenil, y con un semblante sereno, fue intencionada. La Virgen permanece junto a Cristo, con la cabeza girada en señal de rendición, lo que significa que solo puede esperar el resultado del juicio y ya no puede influir en él.
En las lunetas superiores, Cristo está rodeado de símbolos de su pasión, incluyendo una corona de espinas, una lanza, clavos y una cruz. Algunos santos importantes se encuentran cerca, esperando el veredicto.
- San Pedro, con las llaves del Cielo,
- San Lorenzo con la parrilla,
- San Bartolomé, con su propia piel,
- Santa Catalina de Alejandría con la rueda dentada
- San Sebastián con las flechas y arrodillado.
Su composición general gira en un movimiento fluido, con los ángeles del Apocalipsis despertando a los muertos al son de largas trompetas. Los resucitados recuperan sus cuerpos al ascender al cielo (la resurrección de la carne) en el lado derecho del fresco, mientras que ángeles y demonios luchan por enviar a los condenados al infierno en el lado izquierdo. Inspirado por el «Infierno» y la «Divina Comedia» de Dante, Miguel Ángel incluyó a Caronte y otros personajes mitológicos en la parte inferior de esta pintura.
Los pensamientos de Miguel Ángel detrás de la pintura

Durante el Renacimiento, un tema popular fue la representación del juicio final de Dios sobre la humanidad y la Segunda Venida de Jesucristo. Por lo tanto, el Juicio Final fue un tema recurrente en el arte de las iglesias de la época. Sin embargo, Miguel Ángel pintó su propia interpretación de estos eventos inspirándose en la Divina Comedia y el Infierno de Dante.
Además, la representación de Cristo difiere de la visión cristiana, con músculos definidos y sin barba. Miguel Ángel creó una sensación de profundidad y espacio superponiendo las figuras y pintándolas con mayor detalle para sugerir una percepción espacial. Asimismo, no utilizó marcos, lo que le confiere a la obra una sensación de continuidad, como se aprecia en algunas figuras de los bordes que aparecen recortadas.
Este efecto confiere a la composición una eterna sensación de movimiento y acción. Otra forma de expresar su interpretación es colocando el cuadro en la pared del altar. De este modo, la pintura quedaría justo delante de todos los que entraran en la capilla, haciendo imposible ignorar la idea del infierno y la profecía de la Segunda Venida de Cristo.
Era casi como un recordatorio de la justicia contra los culpables. Con el tiempo, Miguel Ángel deleitó al público al insertar varios símbolos ocultos. El primero es una figura de San Bartolomé con su piel, un autorretrato del propio Miguel Ángel, con una probable referencia a su estado mientras pintaba la Capilla Sixtina. Otros son la representación de los siete pecados capitales en diferentes formas visuales y con connotaciones.
Crítica
Aunque esta obra maestra cosechó gran reconocimiento y elogios por el genio y el estilo pictórico de Miguel Ángel, no estuvo exenta de controversia y críticas. No gustó la abundancia de desnudos, y Miguel Ángel fue criticado por mezclar figuras religiosas y mitología. Esto representa un cambio con respecto al Renacimiento italiano, donde las figuras desnudas no se consideraban problemáticas.
Muchos críticos creían que Miguel Ángel debería haber seguido los acontecimientos bíblicos con mayor precisión. Algunos señalaron que Cristo debería estar representado sentado en un trono y que algunas de las telas ondeantes son imposibles, ya que se suponía que el clima cesaría el día del juicio final.
El maestro de ceremonias, Biagio da Cesena, lo criticó duramente, afirmando que era «de lo más deshonesto» pintar tantas figuras desnudas en un lugar tan «honrado» como una capilla, y que no era una obra para la Capilla del Papa, sino para tabernas y estufas. Sin embargo, tras la muerte de Miguel Ángel en 1564, se contrató al pintor Daniele Da Volterra para que, a lo largo de varios años, cubriera gradualmente las figuras desnudas visibles con telas.
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